¿Y SÍ LI ABRIMOS LA PUERTA AL DOLOR?

Vivimos en un mundo lleno de aflicción, la vida a veces se resume en dolor y breves momentos de felicidad. Estamos siempre buscando evitar el dolor, el sufrimiento, las lágrimas.

Hoy es un buen día para reflexionar sobre el dolor, es un buen día para buscar comprender por qué existe el dolor, de qué me sirve el dolor, para qué está presente el dolor en  nuestra vida.

¿Cuál es tu dolor? ¿Cuál es mi dolor?

Te has dado cuenta que la vida va más del dolor que de la felicidad muchas veces? Que andamos afanados por ser felices, para que el dolor no se apodere de nosotros?

Si pudiésemos mirar nuestro corazón, muy probablemente veríamos cuán herido se encuentra, cuán lacerada está nuestra alma.

Podríamos darnos cuenta de lo erosionados que estamos en  nuestro interior producto de la  enfermedad, o del  maltrato, por alguna pérdida,  por una muerte; deslealtad, traición, soledad, infidelidad, la ansiedad, el desengaño, sentirnos rechazados. La separación, la desesperanza, la tristeza, la depresión, el resentimiento, el orgullo, el odio, el desamor, la rabia, la incertidumbre, el miedo,  incluso el estancamiento; todo esto nos genera dolor.

A veces no sabemos ni siquiera cómo enfrentar uno de todos esos aspectos, que nos llevan a vivir con un carácter triste, desesperanzado, amargado en ocasiones, pues pensamos  que somos los únicos que pasamos por el dolor. Pero sabes? Todos tenemos dolores en nuestra vida, todos atravesamos aflicciones. No hay ser humano sobre la tierra que pueda vivir una vida entera  sin dolor.

El dolor muchas veces nos puede ayudar a diagnosticar problemas, el dolor físico nos ayuda incluso a prevenir una enfermedad grave. El dolor es esa sensación de molestia que limita  nuestra habilidad, nuestra capacidad para realizar alguna tarea cotidiana, pero que nos advierte que algo en nuestro cuerpo, o en nuestra alma o espíritu no anda bien.

Qué pasa con el dolor? Por qué nos paraliza, nos bloquea, nos inmoviliza, al punto de mantenernos  en una postura de convertirnos en auto-víctimas. Lo que la vida y mi dolor me ha enseñado es que ninguno de nosotros creemos que merecemos sufrir, y cuando estamos sumidos en nuestro dolor, tampoco creemos que vamos a poder salir. Si hay algo en lo que la humanidad entera puede coincidir es que a nadie le gusta el dolor.

A ti te gusta el dolor? A mí no me gusta el dolor.

Pero en el dolor muchas veces he llegado a comprender no sólo el para qué de ese dolor, sino la raíz de ese dolor, y eso me ha permitido, en muchos casos, sanarlo; me ha enseñado a perseverar con integridad en medio del sufrimiento para poderlo administrar de una manera menos desesperanzadora y más serena.

Es importante aceptar el dolor. Si partimos de aceptar el dolor, ya estamos dando un gran paso!  Porque podemos entender que es parte de nuestra existencia, que el dolor no está hecho sólo para algunos, es para todos y tiene una razón de ser. Y esta razón nos puede permitir entender y aprender de situaciones que no son cómodas. En la prueba, en la dificultad, en el desierto, es que podemos darnos cuenta que no somos infalibles. Que la vida es un ciclo, que no hay nada que nos pueda quitar la dificultad del sufrimiento,  que podemos estar en un momento felices y en otro momento con dolor, pero que sin duda,  hay muchas cosas que podemos estar haciendo hoy, producto de esos dolores que hemos experimentado. Que quizás sin esos dolores en nuestras vidas, no hubiésemos alcanzado cosas que hemos logrado.

El dolor no puede ser visto como fracaso, como algo inmerecido, hecho sólo para algunos, al punto de preguntamos, pero si hacemos las cosas bien, por qué merecemos este dolor; si no hemos sido malos, si no hemos hecho daño a alguien, por qué este sufrimiento, por qué me sucedió esto a mí?

Y hay algo que me llama la atención, y es que, cuando atravesamos pruebas difíciles pensamos que sólo nosotros estamos pasando por eso, vemos como nuestra vida se cae a pedazos y lo limitados que somos para poder cambiarlo, y en nuestros débiles sentidos llegamos a juzgar al mismo Dios.

Cuando experimentas un dolor profundo, es importante que nos preguntemos ¿qué hay? ¿Qué propósito hay detrás de este dolor? ¿Para qué me sirve este dolor? ¿Qué debo revisar en mi vida sobre estas lágrimas que han nublado muchas veces mis ojos?

El dolor siempre busca un culpable, siempre busca un responsable, te invito que te preguntes si ese responsable eres tú.  ¿En algún momento has mirado tu dolor como parte de alguna decisión que hayas tomado de manera equivocada?

¿Es el dolor tan malo? ¿Es el dolor tan cruel? ¿Es el dolor tan inmerecido? A veces a partir del dolor, es que podemos llegar a aprender cosas que jamás hubiésemos aprendido.

El dolor es un maestro, el dolor es una guía, el dolor es una advertencia que algo anda mal en nosotros. El dolor es una consecuencia, el dolor puede llegar a ser una tabla de salvación y lo más importante, es que el dolor forma parte de la vida.

No miremos el dolor como algo que no merecemos. No vinimos a la tierra a estar felices en todo momento, vinimos  a aprender, a luchar a amar y a perdonar.

Muchos dolores radican en nuestra incapacidad para esperar, muchos dolores radican en nuestra incapacidad para perdonar, en nuestra incapacidad para agradecer, en nuestra incapacidad para reconocer. Muchos dolores radican en nuestra falta de humildad o en los tormentos de una decisión orgullosa que superaron nuestro corazón,  también puede tener su cimiente en nuestra falta de compromiso o ninguna de las anteriores, pero lo que sí es seguro es que el dolor es inevitable.

Aprendamos a mirar el dolor como un aliado, no como un enemigo. Aprendamos a encontrar en el dolor una verdadera salida, como un puente, porque el dolor muchas veces nos puede confrontar con nosotros mismos, el dolor muchas veces nos puede hacer voltear la mirada o traspasar el camino y tomar un nuevo rumbo y hacerlo totalmente diferente de como lo veníamos haciendo, quizás por terquedad, quizás por orgullo, quizás por dureza en nuestro corazón, o porque el dolor es como un capullo de amargo sabor, del que algún día brotará una dulce flor.

Es verdad que a nadie le gusta el dolor, es verdad que a mí no me gusta el dolor. Es verdad que el dolor duele, el dolor duele! Al punto físico duele, pero debemos aprender a aceptarlo, porque, no podemos transitar la vida sin el dolor.

Gestionemos el dolor de una forma amigable, como un maestro, como un compañero que va a permanecer en nuestra vida, que irá y vendrá, que entrará y saldrá. Abrirle la puerta al dolor, es entender con madurez, que va a ser un compañero que te va a visitar, probablemente, muy a menudo. El  llegará, nos guste o no, lo busquemos o no, lo queramos o no.

Entonces, ante una verdad tan absoluta como el dolor, tenemos una opción, la elección de elegir nuestra actitud ante su infalible llegada, la cual puede endulzarnos y transformarnos o envenenarnos y amargarnos. Solo tú puedes y tienes la libertad de decidir.

Entonces, ¿Y si le abrimos la puerta al dolor? Y en lugar de pensar que la vida es muy injusta con nosotros, aceptamos que la vida no se trata de ser  complacidos en nuestro caprichos privados, no va de que todo sea como deseamos o soñamos, sino de aceptar que ser probados en fuego, hará que nuestro carácter sea renovado, fortalecido y sobre todo conscientes de la finitud de nuestra existencia.

Te invito a ver el dolor como una constante que se repetirá por cortos o largos períodos de nuestro peregrinar, pero que con piedad,  compasión y misericordia podamos acogerlo, en su momento para luego dejarlo ir, y esperar  su inexorable regreso.

La buena noticia es que el dolor imparte algo mucho más fuerte que el sufrimiento: El amor de Dios. Así que busca a Dios en medio de tu dolor, es posible que tener Fe en Dios te cueste mucho, pero rechazar esta alternativa sólo agrava el problema del dolor – porque recuerda que este indefectiblemente llegará- así que la opción más inteligente, aunque vivas en incredulidad, es confiar que al final de esta historia llamada vida, Dios es lo único y suficientemente grande para darle refugio y refrigerio a tu alma.

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